Hacer cualquiera de los Caminos de Santiago es un compromiso personal y corresponde al propio Peregrino proporcionarse los medios adecuados para llevar a cabo su PEREGRINACION.
La Compostela es un documento del Cabildo Catedralicio Compostelano en la que se certifica que se ha efectuado la peregrinación a Santiago de Compostela con espíritu cristiano. Para conseguirla es necesario mostrar la credencial debidamente sellada y fechada a lo largo del Camino, y es necesario haber efectuado al menos 100 kilómetros andando o 200 kilómetros en bicicleta.
Debes saber que la credencial sólo te identifica como Peregrino a Santiago de Compostela; no da ningún otro privilegio o derecho: eso sí te servirá para poder acogerte a la hospitalidad jacobea de refugios, albergues y hospitales, en los que gozan de preferencia los más necesitados.
La credencial del peregrino sólo puede expedirla la Iglesia a través de sus instituciones (Obispado, Parroquia, Cofradía, etc.) o, en todo caso, a través de instituciones que estén autorizadas por la Iglesia (Asociaciones Amigos del Camino de Santiago, etc.).
La credencial se recibe personalmente, nunca por correo u otros medios, y en ella figuran los datos personales del Peregrino y la entidad que hace su presentación. Esto en cuanto a la credencial como la conocemos actualmente, con su formato determinado y con espacios reservados para los datos y estampación de sellos. La credencial debe ser sellada una o dos veces al día, al menos, para acreditar que se esta haciendo la peregrinación. También nos sirve como credencial cualquier medio acreditativo de haber efectuado el paso por los lugares del Camino, en incluso de otros que se encuentren fuera de los Caminos tradicionales, por ejemplo un diario de viaje , eso sí, con la firma de alguna autoridad, funcionario, párroco, etc...
Los lugares de refugio se pueden utilizar tanto para la peregrinación como para el regreso, teniendo siempre preferencia el que va hacia Santiago de Compostela.
No debes hacer cola en un albergue a horas tempranas, si tus fuerzas te lo permiten, continúa hasta donde puedas. Para ello planifica tu etapa, dosifica tu esfuerzo y plantéate descansos intermedios.
Queda a potestad de la persona encargada de la acogida la aceptación, o no, de la persona que la solicita. Siempre se acepta su criterio para dar prioridad al que considere que más lo necesite. No tiene preferencia el que primero llega, o hace cola, a la entrada del refugio, el criterio del responsable establecerá estas prioridades.
Normalmente tendrán prioridad los que peregrinan a pie sobre los que lo hacen en bicicleta o a caballo, aunque a veces estén igual de cansados. Dentro de esta norma hay otra no escrita que las personas “mayores”, en igualdad de condiciones, ocupen el mejor sitio.
Es costumbre al uso, y de buena educación, presentarse a la llegada al albergue y mostrar tu credencial sin que tengan que pedírtela.
Normalmente el uso de la acogida queda limitada a una sola noche, si te encuentras con dificultades físicas pregunta al hospitalero, él te podrá ayudar.
Acata las normas de cada refugio y atiende y colabora con los hospitaleros o encargados.
Deja lo que has usado en, al menos, las mismas condiciones en las que lo encontrarte y si puedes mejor.
Pon especial cuidado en colaborar en la limpieza del refugio, Tú ocuparas, en el siguiente albergue, el sitio que dejó otro Peregrino.
Respeta el descanso de los demás.
Los lugares de acogida tiene unos gastos corrientes que deben soportar, colabora con tu “DONATIVO” cuando te lo soliciten. Aunque el refugio cuente con algunas “ayudas” oficiales y no se pida una contribución económica para su sostenimiento hay una Ley no escrita por la cual el Peregrino debe de colaborar económicamente, en la medida de sus posibilidades, para que siga abierto.
En el Camino puedes encontrar personas con otras inquietudes (de lo ajeno) se prudente con las cosas de valor.
Todo esto se sintetiza en una frase: “El Peregrino no puede exigir nada por su condición de tal, sino agradecer la ayuda recibida”.
Preparación para iniciar la Peregrinación (I)La preparación va en consonancia con la persona que la realice, para ello hay que tener en cuenta varios factores, amen de la motivación para su realización caven destacar dos tipos: • Factores personales y condición física. Ser conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones que tenemos a nivel de nuestra condición física es tan importante, o más, que nuestro estado de salud; ya que si no somos consecuentes con ella podemos provocar situaciones de riesgo para nuestro organismo. Si nuestra vida de “urbanitas” es sedentaria y, por tanto, no estamos acostumbrados al esfuerzo físico será aconsejable la realización de un reconocimiento medico previo a la realización de la peregrinación. Es importante saber como nos encontramos, nuestras limitaciones, y posibilidades a la hora de afrontar unos requerimientos físicos de la magnitud de una cantidad de kilómetros diarios y varias horas no sólo andando sino también transportando cargas sobre nuestras espaldas. De todo ello hablaremos en próximos artículos, pero ahora nos trazaremos un “P.P.P.”(Plan de Peregrinación Personalizado) adecuado para aquellos que en la vida cotidiana realizan poco ejercicio físico. La finalidad última de este , y de todos los PPP, es que cada cual encuentre su particular ritmo de marcha, al principio sin peso alguno, para luego ir incrementando tanto distancias, ritmo y peso transportado; repito que cada uno debe adecuar su esfuerzo al objetivo y marcarse el mismo sus objetivos, siempre por debajo de el umbral de esfuerzo. Hay que evitar entrar, sobre todo cuando vamos en grupo, en competición y la realización de “machadas”, que a la postre se pagan caras y pueden dar al traste con nuestra meta. Sirva, pues, esta tabla como una mera orientación; existen en la bibliografía un sinfín de métodos y sistemas tanto o más validos que el presente
El peso debe ir aumentando a medida de que nos sintamos cómodos con él y se debe llevar en la espalda, procurando usar la misma mochila que utilizaremos en nuestra peregrinación y así acostumbrarnos a su particular asiento. De igual manera el entreno se debe realizar con el calzado que podamos usar en el recorrido, si esta “domado” y usado mejor que mejor; si no estos recorridos nos sirven para adecuarlo a nuestro pies y suavizarlos. Preparación para iniciar la Peregrinación (II)
• Flexible.
Cuando se nos ha mojado el calzado debemos ponerlo a secar, nunca cerca de una fuente de calor fuerte, con varios papeles de periódico o similar en su interior, para que absorban la humedad y el secado sea lo más natural posible. Si proveemos que el día va estas mojado es aconsejable aplicar, al levantarse, una capa de producto protector o grasa de caballo, según sean nuestras botas, ello retardara e incluso impedirá que el agua penetre por las costuras. Es aconsejable la utilización de dos pares de calcetines uno más fino, de hilo, por dentro, y otro de lana y/o algodón por fuera. ¿Porque esta colocación? El primer calcetín forma una micro cámara de aire que aísla el pie de la bota y está a su vez crea otra cámara que separa un calcetín de otro, produciéndose así un aislamiento térmico. Se deben evitar cualquier tipo de arrugas o pliegues en los calcetines lo que dará lugar irremediablemente a la aparición de ampollas. Hay varios trucos para evitar estas unos se aplican en los pies una capa de vaselina, otros por cambio prefieren el “Vicks VapoRub”, ambos tienen sus seguidores y detractores; es cuestión de probar y usar la que más nos convenga.
Tampoco debemos de olvidar aplicarnos una capa de protección solar, sobre todo en verano, que iremos renovando frecuentemente para hacer eficaz su factor de protección,; también es aconsejable el uso de gorro con siroquera o pañuelo para proteger la nuca. Preparación para iniciar la Peregrinación (III)¿Cual es la distancia de una etapa?. Eso lo debemos decidir nosotros mismos; si hacemos caso a las marcadas como tales en el “Codice Calixtinus” la más pequeña es de21 km. Y la más larga de85 km. Por lo tanto podemos ver que hay una gran diferencia entre una y otra. La planificación dependerá de muchas cosas sobre las cuales nosotros podemos actuar, pero siempre hay factores sobre los que no podemos influir : meteorología, indisposiciones, ampollas, “pájaras”, y un largo etc. Por ello una buena planificación es eso: planificación. Luego hay que jugar y poner a nuestro favor aquellos imponderables que pueden aparecer en los días de peregrinar. Por ejemplo si padecemos una tendinitis leve, o unas ampollas, podemos dedicar el día de descanso a efectuar una visita turística a los lugares próximos, lugares de culto, museos, etc. Hay que sacar partido a los imprevistos y hacerlos más llevaderos.
La distancia media de una etapa tipo es de unos 25 a 30 km., dependiendo de la orografía y factores internos. Para llegar a realizarlos pueden serte útiles estos consejos: • Realiza una pequeña parada, al poco de comenzar, para reajustar el equipo, botas, mochila, etc. Es necesario beber, aunque no sintamos sensación de sed, para mantener nuestro cuerpo hidratado; sobre todo en verano o días calurosos, donde el impacto térmico es importante. La sensación de sed es el primer síntoma de deshidratación. Por ello es mejor la ingesta de varias tomas de pequeñas cantidades de liquido y aun cuando no sentimos sed; que atiborrarse de líquidos cuando la sensación es ya acuciante. Ojo con la ingesta rápida de bebidas frías, es mejor que estén frescas pero no en demasía. La comida principal se debe efectuar después del esfuerzo, por tanto al final de la etapa; pero por el camino hay que ir tomando pequeñas cantidades de productos con aporte energético: frutos secos, glucosa, barritas, etc. Una buena y saludable alternativa es la fruta que contenga líquidos: naranjas, uvas, melocotón, etc. Si no nos queda otro remedio, por cualquier circunstancia, que efectuar la etapa en dos sesiones, hay que realizar una parada sobre la mitad del recorrido, de una mayor duración para poder comer y recobrar fuerzas. Esta parada se realizará cuando el sol más apriete, es el momento de descansar y relajarnos. Podemos aprovechar para echar un vistazo a nuestros doloridos compañeros: Los pies. |