
Entre Sobrelapeña y Lafuente la carretera sigue sobrepuesta al antiguo camino. El minúsculo pueblo de Lafuente cuenta con méritos más que sobrados para hacer un alto en el duro sendero secular hacia los valles lebaniegos. En primer lugar, por generosa concesión de la Naturaleza, que aquí se manifiesta de forma sobrecogedora, pero también por el misterio que por estos andurriales han sedimentado los hombres.
Frente a la pequeña y encantadora iglesiuca románica de Santa Juliana, típico ejemplo de parroquia rural construida a finales del siglo XII, dos toscas cabezas de piedra la escoltan desde hace casi cuatro siglos, en el pedestal de una de ellas subsiste borrosa la leyenda “El que por aquí pasa no regresa jamás”, en alusión al cercano cementerio.
Alcanzado el collado de Hoz vuelve a aparecer ante la vista del caminante el portentoso decorado de los Picos de Europa. En Cicera merece una visita la parroquial de San Pedro, iglesia del siglo XVIII con bella portada y capilla cubierta de complicada nervadura de estrellas y combados. Es éste el núcleo principal del escarpado valle de Peñarrubia, desde donde es preciso ascender hasta el collado de Arceón para descubrir, por fin, la comarca lebaniega, desde las alturas que dominan sobre Lebeña.
Para el viajero curioso y más esforzado, cabe la posibilidad de derivar los pasos hacia la Braña de Los Tejos, campo de cultos protohistóricos sembrado de túmulos y menhires. De cualquier forma, lo que resulta imprescindible es hacer un remanso en el camino para visitar con sosiego la preciosa iglesia de Santa María de Lebeña, semicamuflada tras un pórtico de arquerías postrenacentistas. Fue uno de los primeros edificios declarados Monumento Nacional en la región cántabra, y también uno de los más precoces en ser restaurados, lo que se hizo a finales del siglo XIX con bastante buen tino, salvo la decisión de construir una torre de campanas a su lado en el mismo estilo, lo que puede llevar a confusión al caminante, pues si no está advertido corre el riesgo de considerar contemporáneas la torre y la iglesia, aunque lo cierto sea que entre ellas median nada menos que nueve siglos. Desde Lebeña la ruta cruzaba y cruza la corriente del río Deva bajo la sombra de Peña Ventosa para, por Allende, subir a Cabañes, en el permanente cuidado de los senderos antiguos consistente en alejarse de los ríos y arroyos que pudieran adoptar modos torrenciales. El pueblo ofrece, además, la comodidad de un albergue al peregrino.
| Quintanilla de Lamasón - Cabañes | Km | Km. Ac |
|---|---|---|
| Quintanilla de Lamasón | 0 | 0 |
| La Fuente | 3,0 | 3,0 |
| Cicera | 5,0 | 8,0 |
| Collado Arceon | 3,5 | 11,5 |
| Lebeña | 5,5 | 17,0 |
| Cabañes | 5,5 | 22,5 |
*Los enlaces externos en la tabla de distancias sólo son orientativos.
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